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2011

CÓMO NO TOMAR CAFÉ

Hace unos días asistía al claustro de Santa Bárbara en la localidad de Usaquén al norte de Bogotá D.C., a la primera feria organizada por Carulla denominada "Colombia es Café"; era domingo 15 de mayo, caía la tarde con el acostumbrado frio bogotano, frente a la plaza de Usaquén, donde se apostaron los valientes soldados de Nariño a librar una de tantas batallas contra los enemigos de la independencia y sobrecogido por el ambiente colonizador donde pareciera que el tiempo se hubiera detenido, no podría ser mejor el momento para ingresar a uno de los eventos de mayor trascendencia en el sector de la economía que más beneficios ha traído al desarrollo colombiano, "el Café".

De entrada, sin que fuera necesario aviso alguno que indicara la clase de evento que se estaba llevando a cabo dentro del claustro, el delicioso e inconfundible aroma de nuestro café me decía al olfato que grandes cosas estaban ocurriendo allí, donde su protagonista era degustado por el paladar de expertos catadores y ansiosos curiosos y turistas consumidores de la bebida tradicional por excelencia.

Todo era cierto, el olfato no fallaba, pues los amplios corredores, zaguanes, patios y salas del claustro Santa Bárbara habían sido invadidos por todo lo que tuviera la denominación de café. De entrada, se podía leer la historia, conocer el origen de las primeras siembras de cafetos traídas por un misionero en tiempos de la colonia, quien para propagar su cultivo ponía de penitencia a sus discípulos y feligreses la siembra de unos cuantos palos de café de acuerdo a la gravedad de sus faltas, interesante y anecdótica manera de esparcir la semilla.

Continuaba el recorrido por los amplios corredores y fijados en los muros se podía leer todo el proceso de siembra, producción, recolección, lavado y procesamiento final, para terminar luego en amplios salones donde las mejores empresas ofrecían al visitante todos sus derivados en unos abarrotados estantes y grandes vitrinas, que de verdad, para quienes poco conocemos del café, nos quedaba el asombro y la sorpresa de ver cómo de un fruto tan insignificante para muchos, se puedan sacar tantos y tan variados productos, todos ellos muy exquisitos y de altísima calidad.

Gracias a "Mesa De Los Santos" una de las firmas mejor reconocidas a nivel internacional por la producción de café orgánico, pude degustar una gran variedad de café: Café Expresso, Macchiato, Café Latte, Americano, Cappuccino, entre otros. Aprendí además que un buen café se distingue por su fragancia, aroma, acidez, su cuerpo, sabor y sabor residual.

Me quedó la sensación de volver muy pronto a visitar esta vitrina del café colombiano, y quiera Dios tener allí nuestros productos insignias de la caficultura pitaleña: "Opicafé" y "Pitayó", lo digo con toda sinceridad, desde mi ingreso a la feria hasta la salida, no hacía sino repetir y lamentar la ausencia de estas dos grandes empresas orgullo huilense, que en nada se podía envidiar a las allí presentes, pues su calidad y presentación hemos podido constatar.

Pues bien, saludos para todos los caficultores pitaleños y huilenses, aguerridos campesinos que empuñan en sus manos la energía y el amor por su noble tarea, haciendo cada vez más prosperas nuestras tierras colombianas, llevando en sus espaldas el esfuerzo, la grandeza y el futuro para las nuevas generaciones.

Que Dios nos bendiga por siempre.



Antonio María Rojas Castillo