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2011

UNA EXPERIENCIA CON SABOR A DIOS

A veces creemos que por correr más rápido llegamos primero, o que cambiando de dirección tomamos otra ruta, pero si nos detenemos por un instante a reflexionar sobre la causa que genera la huída o la estampida, nos damos cuenta que no tenemos necesidad de buscar otro camino; es tan sencilla la vida que ella misma nos indica lo que debemos ser y hacer para experimentar lo que realmente somos.

Si miramos por un instante en retrospectiva, nos damos cuenta que todo lo que hemos hecho, pensado y dicho, ha sido en beneficio de nuestra transformación personal, nada ha sido equivocado, pues todo tenía que ser así porque en el universo todo es como es; entonces podemos sentirnos tranquilos porque nuestros actos no merecen ser vistos o juzgados con el dedo acusador que en la mayoría de los casos lastiman a quienes creen ver equivocadas sus acciones.

Somos seres en evolución expuestos a todos los embates que la vida nos pone en su recorrido, o porque no decirlo, los que nosotros mismos creamos, terminando en responsabilizar a los demás por lo que nos está sucediendo o estamos padeciendo, pero en realidad somos nosotros los protagonistas de nuestra propia película, somos al mismo tiempo el actor y el director de nuestra historia, por eso es tan importante ver la vida desde nuestro interior, para que sea ese ser quien contribuya al esclarecimiento de lo que verdaderamente debemos ser y hacer, en el camino de la creación.

Que felicidad me causa el saber ahora que los obstáculos, las debilidades, los vicios y todo lo que nos ata en la existencia, pueden ser superados tan sólo fijando la mirada al infinito, a lo absoluto, al ser supremo que sostiene toda la creación, que guía sus criaturas, sencillamente honrar al único, al dador de vida, al que escucha, al compasivo, a quien no acusa, no juzga ni castiga, la misericordia misma, el padre amoroso que no ve los defectos de sus hijos, los ama y los acepta tal como son, ese ser rebosante de misericordia, un día me levantó, me habló y siguió delante de mí para que pisara sus huellas, las que llevan al camino de la verdad y la vida, ese ser todo poderoso, omnisciente y omnipresente que fija siempre su mirada en las ovejas perdidas, ordena sin obligar a corregir el camino que lleva a la salvación.

Sin rayar en el fanatismo se puede llegar a él, para que quienes creen que sólo con sumisión y sacrificio se logran los tesoros de dios, no sientan pereza o desconcierto por creerse indignos de los regalos del absoluto, no, todo lo contrario, sus huellas dejan pisar con suavidad el sendero que nos lleva a la libertad total, la felicidad rebosante y al amor incondicional.

Gracias Dios por seguir conmigo hasta la eternidad, cuando la comprendemos como tú me lo has enseñado, la vivimos, la gozamos y la experimentamos en un eterno presente, ¡que delicia!, ¡que manjar!, ¡que regalo!, ¡tú no te lo puedes perder!

Que Dios nos bendiga por siempre.



Antonio María Rojas Castillo